13/6/17

El ajedrez de la vida

Son pocas las piezas de dos colores
que están en el tablero despoblado.
Quedan un rey postrero en cada lado
torres y unos peones agresores.

Sufriendo los jaques acosadores
al final un rey triunfa alborozado.
Mas por la lucha que ha desarrollado
son muy breves momentos seductores.

También en el devenir de los días,
los hombres son felices al vencer
en sus claras y oscuras biografías.

Pero igual que el rey deben padecer,
y al fin de sus vidas las alegrías
son sólo instantes del acontecer. 










Finalista I Concurso Sonetos Rafael Alberti.
Incluido en el libro  Hikus y Sonetos XI.
Letras como Espada. España. Junio 2017.

11/6/17

Ajedrez y magia negra

Cuanto más jugaba al ajedrez, menos lo comprendía. Había perdido ya dos veces en el torneo del club y con seguridad en la partida de mañana quedaría eliminado. Entonces pensó que sólo un conjuro mágico podría salvarlo. Siempre se había interesado por la magia negra y en un viejo libro había encontrado instrucciones para llamar a Lucifer y someterlo a su voluntad. Nunca había probado y decidió que aquel era el momento oportuno.
Era muy sencillo, primero debía ponerse a cubierto dibujando un tablero de ajedrez en el piso, para que cuando llegara Lucifer no pudiera hacerle ningún daño y luego le pediría lo que deseaba, sin que éste pudiera negarse.­
Para ello, despejó la habitación retirando las mesas y sillas contra las paredes y luego con una tiza blanca dibujó sobre el suelo oscuro, el tablero protector. Después de pararse sobre él y pronunciar las palabras mágicas de encantamiento, vio ante su completa sorpresa, como se fue corporizando lentamente la figura del ángel malo Lucifer, iluminado por las llamas. 
 ― Siempre he sido un inútil jugando al ajedrez y desearía ganar la partida de mañana ―, le dijo a Lucifer apenas se paró en el tablero frente a él.
― ¡Y justo a mi me lo vienes a pedir. Estás atrapado y no tienes escapatoria! ―, le replicó Lucifer riendo sarcásticamente, mientras se lo llevaba volando con él hacia el infierno.
Sucedió que no había funcionado la protección que había dibujado en el piso, porque ubicó un escaque negro en lugar de uno blanco en el borde inferior derecho del tablero.