22/7/15

Lágrimas y piezas de ajedrez

Cuando yo era pequeño, mi padre trabajaba con su taxi, durante el día o por la noche, sin un horario fijo. Ello le permitía realizar algunas infidelidades. Cuando llegaba a altas horas de la noche, mi madre enojada se encerraba en el dormitorio que siempre olía a lágrimas. Yo dormía en el sofá del living y en esas ocasiones, mi padre suspirando, extendía un colchón en el suelo junto a mí. Allí, solía pasarse horas resolviendo las partidas de ajedrez que jugaba por correspondencia. En mi infancia, crecí en un mundo de fantasía, rodeado de lágrimas y piezas de ajedrez.